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El Bosque

El sol se elevaba casi al máximo cuando los dos hermanos, contentos por hallar la medicina para su madre (unas raíces secas) escapaban a toda prisa de un bosque espeso y musgoso.
— Madre se pondrá bien, ya lo verás— repetía Fernando convenciéndose a él y a su hermano.— Estará orgullosa de nosotros— sostuvo con firmeza el bolso donde guardaba las raices.
— Aún estoy nervioso…mejor apurémonos— añadió Maximiliano, su hermano.
— No hay de que preocuparse. Ya lo dijo Madre, el bosque es seguro durante el día.— aunque era dificil de saber puesto que los inmensos álamos tapaban casi todas la luz.
¡PAM! En un instante se escuchó a lo lejos un gran estallido. Los dos hermanos se detuvieron de inmediato y se miraron el uno al otro preocupados.
— Y es..
— Tss!— lo calló Fernando— Sigamos adelante…
Ambos reanudaron la marcha rápidamente evitando rocas y leños, árboles y raíces. De un momento a otro, esquivando un bulto de hojas secas, cayeron estrepitosamente a través de un hueco cubierto de ramas. Durante la caída Maximiliano logró tomar conciencia e intentó desesperadamente agrrarse de tallos, de rocas o de la tierra para evitar seguir descendiendo a las profundidades del bosque, sin embargo lo que lo detuvo fue un golpe seco que se propinó contra un tronco ahuecado.
***
— ¡Max…Max!— abría los párpados lenta y confusamente.— ¡Max despierta. ¡DESPIERTA!— abrió los ojos por completo y observó su entorno. El bosque lo cubria todo alrededor y la luz era casi nula. Lo apuñalaba un intenso dolor en la frente.
— ¡Max! ¿Me escuchas?— Oyó a lo lejos.
— S..si ¿Dónde estas? ¡No te veo!— Giraba desesperadamente en todas las direcciones en busca de su hermano y en su mano aferraba fuertemnete el saquito con las raíces.
— ¡Aquí abajo!— Max se incorporo cuidadosamente por la pendiente y divisió un claro a unos doscientos metros; estaba muy oscuro pero logro distinguir una figura. —¡¿Cómo llegaste hasta ahí?!— increpó en un grito.
—¡Estaba buscandote hermano, por favor ayudame, hay que irnos pronto!
Eso era cierto, habia que irse lo mas pronto posible. Durante la noche el bosque era muy peligroso, en el habitaban, segun su madre, serpientes, lobos y otras criaturas. Pero ¿Cómo su hermano habia ido a parara esa zona? La salida hacia el poblado se encontraba justo en la direccion opuesta.
Comenzó a caminar cuidadosamente por la empinada tierra sujetandose de cuanto árbol, raiz o roca tuviera a su alcance, lo cual no era dificil ya que éstas se encontraban por todos lados, haciendo el paso muy dificultoso. A medida que avanzaba, más y más raices se enganchaban en su ropa y en su cuerpo, tironeaban de él y le rasguñaban la piel. Llegó un momento en el que prácticamente era imposible progresar; la zona se cerraba en un semicírculo de tallos y rocas. Se detuvo un instante a pensar. Observó el obstáculo y comenzó a sentirse extrañamente observado. A su lado, un arbusto pareció sacudirse, Maximiliano lo vio y dudó.
— ¡Max por favor, tengo miedo!— Aunque ya no lo veia, oyó la voz que retumbaba con total claridad a través del bosque. Su hermano menor lo necesitaba . Decidió entonces internarse a través de las ramas y hojas que le impedían el paso; éstas resistían provocandole arañazos en todo el cuerpo, pronto se encontro del otro lado con la cara llena de trazos rojos.
La pendiente se habia agotado y ahora frente a Max se vislumbraba un gran lodazal, al final de éste un puente de cuerdas que daba hacia el claro donde se podía ver la figura de su hermano.
— Fernando ¡Acercate y vámonos ya!— gritó Max.
— No puedo, hermano. Me he lastimado. ¡Necesito tu ayuda!
Max estaba confundido pero siguió avanzando, aun con la medicina en su mano. No pudo dar mas que unos pasos ya que sus pies comenzaron a hundirse a un ritmo estrepitoso, cuando decidió volver por donde venía, el barro le llegaba hasta las rodillas.
— ¡No puedo avanzar son como arenas movedizas!
— Hay un camino de rocas a tu izquierda— exclamó desesperada la voz.
Max giró y vio el camino (no eran más que unas cuantas rocas apiladas separadas entre si por casi un metro de distancia) se acercó trotando sintiéndose cada vez mas inquieto. A su alrededor le pareció distinguir una sombra humana, se volteo y no vio mas que árboles, ocultos y oscuros en extrañas posiciones que se asemejaban a las humanas.
Al llegar frente a la primera roca tomó distancia y saltó, se tambaleó al llegar pero recobro el equilibrio, por suerte la roca era lo suficientemnte grande para que pudiera sostener firmemente sus pies. Vio a su alrededor nuevamente, en cuánto dejaba de mirar los árboles estos parecian cobrar movimiento, desplazarse incluso. Maximiliano le restó importancia imaginando que se debia a lo oscuro que se estaba poniendo todo.
Miró firmemente la segunda roca y salto, sin embargo sintió como si algo lo hubiera sujetado al momento de saltar haciendo que Maximiiano tropezara cayera al lodoso suelo, muy cercano a la roca.
—¡Ah!— gritó. Se hallaba recostado con los brazos extendidos y comenzaba a hundirse lentamente. En las arenas movedizas Max reaccionó y con un brazo estirado se aferro a unas raices pegadas a la roca, impulsandose hacia adelant. Cuando se disponía a retirar su pie del lodo, ya con la mayoría del cuerpo sobre la piedra, sintió como una fuerza lo impulsaba nuevamente hacia las arenas.
— ¡Fernando, algo me sujeta!— gritó en vano. Al intentar retirar el pie del fango logró ver como una mano delgada y putrefacta le apresaba el tobillo. En un repentino impulso golpeó varias veces la extrmedidad y logró safarse pero también perdió el saquito de raices que comenzó a hudirse lentamente. — ¡No!
A su alrededor todo el pantano parecía cobrar vida, los árboles se retorcian y estiraban formando extremedidades de madera, del barro emergían afilados dedos podridos creando inquientates burbujas que explotaban y salpicaban en todas direcciones. Maximiliano observó aterorizado hacia todos lados creyendo imposible lo que veia. Debo estar en una pesadilla.
Detrás de él una figura se materializo por completo. Era lo que parecía ser una mujer enlodada de pies a cabeza, sus manos como garfios se aferraban a la roca que Max había saltado primero. Lo miró, su rostro cubierto de hojas y ramas, ojos rojos de maldad.
El muchacho no lo pensó más y comenzó a saltar y trasladarse frenéticamente hacia una piedra, luego otra y otra mas en dirección al puente de cuerdas. Por el rabillo del ojo logró distinguir, ya no era una figura sino tres las que lo perseguían arrastrandose y saltando como podían ya que a algunos le faltaban extremidades. Faltabaa tan solo una última roca para llegar al puente, se avalanzó y realizo un gran salto hasta caer de bruces al suelo, frente al puente de cuerdas.
Miró hacia atras pero ya nada lo perseguía, en cambio los árboles se agitaban y sus hojas se agitaban con un viento tempestuoso.
—¡Hermano, ya casi llego!— grito Maximiliano, pero no recibió respuesta. Por eso su hermano se habia dirigido en aquella dirección, aquellas criaturas no parecian de este mundo. Su pequeño hermano estaria aterrado. Madre tenía razón, no le habian hecho caso.
Max se incorporo y caminó hacia adelante. El puente se agitaba a merced del vendaval y sus tablas rechinaban de la angustia.
Un paso, luego dos, tres. Caminaba aferrandose fuertemente a ambos amarres, un pie a la vez; y cometió el error de mirar hacia abajo. Lo que lo sumergió en el terror no fueron las poderosas olas que golpeaban el barranco ni las afiladas rocas que lo acompañaban, sino que del rocio de las ola, al chocar entre sí, parecian surgir espectros; sombras de mirada cadavericia que se elevaban lentamente.
¡Que es lo que está sucediendo en este endemoniado bosque! Comenzó a correr a traves del puente, intentando no perder el equilibrio por los constantes vaivenes. Quedaba tan solo un cuarto por recorrer cuando una sombra emergió frente a él.
Llevaba lo que parecía ser una túnica de escarcha que se extendía hacia los costados. Su cara era sonriente y mostraba todos los dientes puesto que era una calavera. En sus manos empuñaba una guadaña que irguió para arremeterla contra el muchacho.
Milagrosamente el golpe vertical solo rozó el cuello de Maximiliano; esto sucedio porque una de las tablas en las que estaba apoyado cedió en el momento justo, haciendo que cambiara su posición inicial. El espíritu pareció confundido por unos segundos.¿La guadaña era real? El muchacho no se quedó a averiguarlo y avanzo a través del espectro atravesándolo y sintiéndo a la vez, un inmenso frio y ardor en todo su cuerpo. Trotó los metros faltantes y llegó hasta el claro donde se desplomó del miedo y el cansancio
¿Qué esta sucediendo? No lo entiendo.Pensó a punto de ponerse a llorar. En su mente se arremolinaban historias de terror contadas por personas mayores acerca del bosque, no había querido creerlas, no habia razón para creer en ellas. Miró detrás de él, ya nada lo perseguía.
Observó a su alrededor. Estaba en el claro, el sol se habia ido por completo y lo único que iluminaba era su antigua sombra anaranjada, que era rapidamente deborada por la tormenta que se avecinaba.
— ¡Max! Por favor!— oyó una voz proveniente de un fajo de raices y corrió hacia ellas, ignorando un bulto que se distinguía a lo lejos. De ahí venía la voz, su hermano estaba escondido o atrapado entre aquellos matorrales.
Comenzo a arrancarlos una a una, algunas eran hojas secas, otras eran fuertes y filosas raíces con profundas espinas que se clavaban en sus manos, perdiendo sangre. Le sorprendió la cantidad de maleza que retiraba parecia no acabar jamás. Lo que vio lo sorprendió.
Del otro lado de tanta boscocidad no estaba su hermano, sino lo que parecia ser una estatua. La limpió de raíces con sus manos haciendo que la piedra se manchara de sangre y pudo distinguir el rostro de una mujer tallado con increible realismo. Maximiliano, aún mas aterrado se alejó de un salto al notar que la estatua pestaneaba.
La tierra tembló, una gran bandada de pájaros abandonó todo el claro emitiendo chillidos a un volúmen alarmante. La estatua se incorporo y reveló una esbelta y desnuda figura femenina, que giró el cuello y se quedó observando al muchacho sin pestañear.

— Humano, me has liberado. Ahora, mi reino comienza— 

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